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viernes, 27 de enero de 2012

Duele

http://www1.yadvashem.org/yv/es/exhibitions/this_month/june/03.asp


Duele recordar, pero es imposible no hacerlo.

Duele aceptarlo, pero es necesario.

Duele nombrarlo, porque abre las viejas heridas.

Duele, pero ya no tanto.

Duele, pero no lo olvidarás jamás.

Duele, por la indiferencia que muestra la gente.

Duele, porque nadie les avisó.

Duele, porque ellos no se lo merecían.

Duele aunque ya haya pasado.

Duelen las historias, las fotos y los vídeos.

Duele, porque son cosas que marcan.

Duele, cada letra.

Duele... porque es dolor.

Diana García Feito

Era un gheto

http://www1.yadvashem.org/yv/es/exhibitions/this_month/august/11.asp


Había mujeres, hombres y niños

Oscuridad y mucho frío,

Y todos judíos.



No había comida,

Tampoco bebida,

Pero si peleas,

Para ver quien comía.



Los niños lloraban,

Las mujeres sufrían,

Y mientras tanto,

Mucha gente se moría.



Se acercaban a las vallas,

Gritaban y susurraban,

Para ver si un golpe de suerte,

Los salvaba.



Y al final de todo,

Mucha gente se iba,

Al fin descansaban,

De aquella injusticia.



Rocío Boyano

Ellos también sienten


    Hoy, como todos los días, nos han llamado a todos, sin falta… aún no sabemos el por qué de todo esto, solo sabemos que todos estamos aquí, encerrados, trabajando, sin poder salir de aquí.

    Sentimos que nuestra alma está encerrada, que no tenemos nada, que no somos personas aquí dentro, nos tratan como escoria, no existimos para ellos, para ellos solo somos un estorbo, solo servimos para trabajar, ya ha muerto mi mujer, me han dicho que le dio un golpe de calor, aunque normalmente, los golpes de calor no dejan huellas de balas (He visto su cuerpo inerte).

    Mi hijo me dice que todas las noches ve salir un camión con cuerpos… lo que está pasando aquí no es humano, no se cuánto duraremos en este infierno, trabajamos como esclavos, estoy débil, no tenemos alimentos ni agua… Sé que no me queda tiempo, moriré de un día a otro, pero me da igual, es preferible a estar aquí, solo Dios podría sacarnos de aquí, hoy, han matado a una amiga mía por simplemente tener una foto de su difunto marido… a la cual le lloraba, y repetía constantemente, “iré contigo, pronto iré allí”, sus plegarias fueron concedidas.


    Su muerte ha sido inhumana, han “jugado” con ella hasta matarla por congelación; han hecho un experimento… querían probar cuanto tarda el cuerpo humano en sobrevivir expuesto a humedad y frío extremo, les parecía gracioso observar la muerte de un ser humano… o bueno, como ya dije, somos escoria, gente repugnante que solo sirve para trabajar como perros y para morir aun peor que ellos.
 


Daniel Fernández Galán

¿Habría casas para todos?



    Nos vinieron a buscar y nos dijeron que debíamos abandonar nuestro hogar. Mi madre comenzó a llorar y mi padre trataba de consolarla mientras los soldados abandonaban nuestra casa. Me apresuré a coger mis juguetes, no estaba dispuesta a dejar mis muñecas allí abandonadas.

    Supuse que nos iríamos a otra casa, más bonita y grande, donde Mikulas e Israel tendrían suficiente espacio para jugar al balón y Helena y yo podríamos tener una habitación para nosotras y llena de muñecas. Papá llenó una bolsa de ropa y mamá cogió aquella bonita cadena que le había dejado su madre antes de morir y se la puso. Eran pocas nuestras pertenencias por lo que no salimos muy cargados de casa. Al llegar a la calle vimos que la familia de mi amiga Erika también estaba allí fuera y se arrimaron a nosotros durante el camino.

    Yo solo pensaba en la casa que nos esperaba después del largo trayecto caminando, donde habría una gran chimenea que nos calentara y mamá tendría una gran cocina para prepararlos la comida que tanto le gusta cocinar y papá podría leer en el gran sofá de orejas que habría junto a la chimenea mientras nosotros jugábamos al escondite por toda la casa. También creí que a Erika le esperaba una casa así y que jugaríamos juntas un día en su casa y otro en la mía y tomaríamos las ricas meriendas que prepara su madre.

    Papá llevaba su sombrero, ese que solo se ponía los domingos porque eran días importantes en los que no tenía que trabajar y yo me había puesto un bonito vestido para que, cuando llegáramos, la gente viera que teníamos buenas ropas.

    Poco a poco me di cuenta de la gran cantidad de gente que caminaba hacia su nueva casa, ¿habría casas para todos? Supuse que sí, aunque si eran grandes no me importaría compartirla con Erika y así no tendríamos que visitarnos y podríamos estar siempre juntas.

    Mis padres estaban preocupados, se les veía en la cara y yo no sabía porque. A medida que nuestro viaje avanzaba vi que mucha de la gente que caminaba con nosotros estaba triste, y algunas mujeres lloraban buscando consuelo en sus maridos.

    Todos éramos judíos, eso si que era raro, pero bueno, igual querían que estuviéramos todos juntos. El viaje avanzaba y cada vez me sentía más cansada y mis hermanos también. Me preguntaba cuando acabaría todo pero nadie tenía la respuesta a esa pregunta. Todos nos preguntábamos lo mismo y ninguno sabía cuál sería el fin del largo viaje que habíamos emprendido.

    Seguíamos y seguíamos sin parar, sin percibir nada que nos diera a entender que quedaba poco y que pronto empezaríamos una nueva vida en un nuevo lugar lleno de nuevas cosas pero mejores que las que teníamos.


    Lo que nadie se esperaba es que nuestro viaje acabara así: con todos nosotros en una fosa común.

Iciar Rodríguez

La cruda realidad




     Me llamo Batiá y resido en Hungría. Vivo con mi hijo Aarón y mi marido Abish en una humilde casa en Dunaszherdahely. Todo transcurría en calma hasta que empezaron las revueltas contra nosotros, los judíos. Nos insultan, cierran nuestras tiendas o prohíben a la gente que compre en ellas, nos marginan del resto de la población, o nos mandan a vivir a lo que ellos llaman “Campo de concentración”, donde se trabaja duro para ganar comida, aunque a mi me resultan un tanto sospechosos, ya que nadie que se ha marchado allí ha regresado. Os voy a contar mi historia, que podría ser una historia de cualquier judío de mi época.

    “Un día me desperté entre alaridos y golpes violentos. Segundos después corrí hasta la habitación de mi hijo y lo encontré llorando, escondido bajo las sábanas. Hice un esfuerzo porque mi cara no mostrase el temor que sentía y le consolé diciéndole: ‘No pasará nada, cálmate, papá lo arreglará todo’. En ese mismo instante oí la voz de Abish, seguida de un grito de lo que debía ser un soldado, y de un tiro, y supe que ya no podría hacer nada, pero aún así le volví a mentir: ‘Todo esto acabará pronto, cariño, tranquilízate’. Unos soldados entraron en la habitación y gritaron: ‘¡Fuera! ¡Rápido!’. Todo lo demás sucedió con tal precipitación que no me dio tiempo a sentir pena por mi esposo. En tan solo un instante nos vimos envueltos en una muchedumbre de judíos que avanzaba hacia un tren. Aarón se aferraba a mi mano y de repente un soldado me lo arrebató y lo metió en un vagón distinto. Yo grité, y noté algo apoyado en mi nuca, me di la vuelta, y un rifle me apuntaba directamente a la cara. Opté por callarme, pero en ese mismo momento, supe con certeza que las cosas no eran como nos las pintaban, y que no duraría mucho en el sitio a donde nos dirigíamos”.

Violeta García

Abril de 1945, ex prisioneros de Buchenwald, Alemania





    Esta imagen refleja el dolor de estas personas y que muchos judíos estuvieron, como ellos, muriéndose de desnutrición por culpa de los nazis.

    Podemos observar que a la izquierda de la imagen hay una persona totalmente en los huesos a punto de morirse de desnutrición, y los nazis lo único que hacían era ponerlos a trabajar , y no solo a las personas mayores de edad sino también a los niños, y los que no servían los mataban.Todos los judíos tenían que obedecer las ordenas que les mandaban. Les mandaban hacer todo tipo de cosas y si ellos se negaban los mataban, si había algún judío con problemas como ser ciego o cojo los descartaban y los mataban, y no había nadie que lo impidiese o les ayudasen. No les daban nada de comer ni de beber, estaban continuamente maltratándolos y matándolos porque los nazis pensaban que los judíos eran como animales y no servían para nada, nada mas que para esclavos de ellos.

    Los nazis mataron a muchísimos judíos y nunca nadie los ayudo. Solo cuando acabo la guerra los judíos pudieron estar en paz.


Ricardo Pérez

Aham Rubisio

                                                                                              Hola.
  
 
                                                                                            Me llamo Aham Rubisio, soy judío, tengo solamente siete años.Trabajo con unos niños que rondan mi edad.

    Nosotros trabajamos de sol a sol: por las mañanas es llevadero, pero cuando se va acercando la hora de la comida, mis tripas no lo perdonan. Llega la noche y trabajamos a oscuras, ahora ya estoy acostumbrado pero antes tenía miedo a la oscuridad.

    Mi familia está compuesta por cuatro miembros contándome a mí, mi madre, mi padre, y mi hermano, aunque solo los veo un poco de noche. Somos una familia pobre, pero aquí donde yo vivo todas las familias son así, aunque antes de vivir aquí yo tenía una casa muy bonita, iba al colegio y siempre tenía alimento.

    Todavía no consigo entender porque estamos aquí.Papá me dice que tenga paciencia, que todo pasará y podremos regresar a nuestra casa. Mi madre me da ánimos todos los días para conseguir ir a trabajar, y mi hermano es muy pequeño, por ahora no se entera de cómo estamos ahora mismo.

    Trabajo haciendo zapatos, no sé ni para quién trabajo ni para qué van a utilizar los zapatos, pero cada vez que mis amigos y yo descansamos aunque sean cinco minutos, llegan y nos gritan, a veces hasta llegan a pegarnos. Nnosotros lloramos pero ignoran nuestro llanto (ésto no se lo digo a mamá porque no quiero que se preocupe)

    A lo que realmente tengo miedo es a que el futuro de mi hermano sea así, que no sepa lo que es la escuela, ni la tranquilidad, ni la sensación del estomago lleno. Lo que más me llama la atención de todo esto es que aquí solo tengo algunos amigos de la escuela, otros no sé donde están, ¿Por qué los otros niños no nos buscan? …

    Tengo la esperanza de que esto termine algún día y poder volver a nuestros hogares realmente…

    Bueno ahora os tengo que dejar, que solo me queda una hora, para volver a la rutina con mi compañeros, hasta pronto, y espero que esto sirva para abrir los ojos.



Lucía Álvarez

jueves, 26 de enero de 2012

La lucha por una libertad para toda la vida

http://www1.yadvashem.org/yv/es/exhibitions/this_month/april/06.asp
    Tras muchas vidas perdidas, todos los judíos y judías que vivían dentro de lo que cabe bien, no sabían lo que les esperaba. Pensarían en una vida mejor, en un lugar lleno de privilegios, en un sitio en el que nadie les molestara, en un sitio en el que sus hijos pudieran crecer con salud y una educación digna. Ese lugar estaba muy lejos para ellos, desgraciadamente.

    Ese sitio para ellos seria escapar de Alemania y irse muy lejos de allí pero era imposible escapar estaban completamente vigilados. En realidad todo era una gran mentira increíble pero ellos no serian capaces de adivinar la gran tragedia que pasarian.

    Pero ahí estaban las madres, las más luchadoras, ellas lo daban todo, lo poco que tenían para que sus hijos pudieran vivir bien, sin ningún problema. Ellas hicieron un trato con los soldados: trabajarían el triple si ellos les daban un vaso de leche a sus hijos a la semana. Para ello falsificaron la edad de sus hijos para recibir ese vaso semanal. Aunque luego la mentira fue peor porque los menores de 14 años fueron enviados al campo de concentración y de seguido enviados a los hornos.

    Parece increíble, pero es una historia tan real como la vida.


Andrea Rodríguez Campoamor

Pero nadie dijo nada...

Fuente: http://www1.yadvashem.org/yv/es/exhibitions/this_mont h/july/06.asp


27 de julio de 1941. Las personas se apresuran hacia su muerte, con imágenes de libertad en sus cabeza.
Pero su poca comprensión no alcanza a que su próximo destino será el último lugar al que habrán ido. Aproximadamente 10.000 personas desfilando ante los ojos de los habitantes de Kovno,

Pero nadie dijo nada…

Cadáveres amontonados en las aceras, personas explotadas hasta que se morían de puro cansancio, o de hambre, o de sed

Pero nadie se atrevió a decir nada…

Mujeres, hombres, niños, niñas, abuelos, abuelas. Personas de todo tipo y edad dirigiéndose a las afueras de esta ciudad para nunca regresar.
Más de 10.000 personas murieron ese día, la mayoría fusilados .
O bien al llegar a las afueras..
O por el camino, porque ya no podían caminar más
O porque a las SS. Les parecían demasiados, o se aburrían.

Pero nadie se atrevió a decir nada…

La crueldad de éstos es y será recordada siempre.


Juan Martínez Quintana

Mi madre todavía sigue llorando


Fuente:

Febrero de 1941

    Hace frío, es invierno en Varsovia y los inviernos en Polonia son muy duros. Aquí estamos viviendo miles de judíos, no hay suficientes casas para toda la gente.Todas las noches nos tenemos que turnar para dormir en ellas. Hoy me ha tocado dormir fuera y no me gusta, paso mucho frío y no tengo ropa suficiente.

    No duermo casi nada. Cuando me despierto tengo que ayudar a mi padre a recoger a la gente muerta que nos encontramos en la calle: mueren por frío, hambre y enfermedades.

    Antes tenía una hermana y un hermano mayor, ahora no están. Unos señores vestidos de policías se los llevaron hace dos semanas. Mi madre todavía sigue llorando. Me dijo que se lo llevaban a un campo donde casi todos morían y estoy muy asustada. Desde aquel día lloro todas las noches.

    Espero que esto termine pronto y que volvamos mamá, papá, mis dos hermanos y yo juntos a nuestra casa de las afueras de la ciudad a vivir como vivíamos anteriormente.


Adriana Triviño

Por ellos

Tras tantos años que han pasado desde esa aciaga época, la gente sigue interesándose y sufriendo por todas esas personas que fueron retenidas y privadas de su libertad. Personas torturadas y asesinadas, condenadas a trabajar hasta que su cuerpo cayese rendido, incluso muertos en el camino hacia  su perdición, apretados en vagones en los que la muerte se apoderaba de ellos, como un niño de un caramelo.

    Iban allí por un supuesto trabajo, los niños, los ancianos y los que tenían algún tipo de problema no llegaban a coger una herramienta. El resto trabajaba todo el día a todas horas para un mísero cuenco de sopa, hasta que no podían más, luchaban por sobrevivir, pero la gran mayoría no lo consiguió. Por todos los valientes que sobrevivieron y lucharon hasta ser rescatados, va este relato.



Javier Rico Carbajales


Les vi pasar.


    30 de mayo de 1943. Millones de judíos sin saber qué les deparará el futuro. Algunos piensan que se irán a un lugar mejor, donde podrán trabajar y poder sacar a sus familias a adelante, y descartan totalmente la posibilidad de que no puedan continuar. No quieren abrir lo ojos, el miedo se lo impide, los paraliza, crean falsas ilusiones. Otros, en cambio, saben que no les quedará mucho camino más por recorrer:como dirían los Alemanes, son unos simples judíos.

Fuente
    Te provoca mucha impotencia saber por lo que esta pasando esta gente, aunque en realidad, me sería imposible conseguir ponerme en su lugar y sentir todo el miedo que sienten. Ves matar a gente, gente inocente. Se forman baños de sangre todos los días, los mueven como si fueran animales. Los tratan como si lo fueran. Cuando la sinagoga fue destruida, los judíos fueron reducidos y pasaron a quedar 477. Ahora mismo solo quedan 75. Los rumores dicen que serán deportados a Theresienstadt.

    Nadie sabe que fue de los otros, ni si quiera sabemos si conseguirán llegar vivos. Nos hacemos una idea, pero yo no soy un judío. Simplemente les vi pasar... y no dije nada.


Nuria Blanco

El miedo



    ¿Qué harías si un día estás en tu casa con tu familia y de repente empiezas a escuchar voces, disparos y al cabo de unos segundos la puerta de tu casa está echada abajo?

    Todo esto no te lo crees hasta que te ocurre. Todo comenzó un día en que estaba en mi casa con mi mujer y mis hijos y unas personas armadas echaron abajo la puerta de mi casa. A partir de ese momento el miedo comenzó, nos echaron de nuestra casa y nos sacaron a la calle a mí y a los demás judíos. No sabíamos que hacer, los niños lloraban y lo peor de todo es pensar… ¿y ahora qué?

    Las SS nos mandaron a mí y a otros hombres avanzar unos pasos y hacer unos ejercicios extraños asustados por los ruidos y los disparos mientras ellos se reían de nosotros. Desde ese momento, no volví a ver a mis hijos ni a mi mujer, ya que nos dividieron por edad y por sexo.

    Nos llevaron a todos los varones a una estación cercana y nos obligaron a subir a un tren. Tras varias horas de un horroroso viaje, ya que íbamos en vagones de ganado y apenas había sitio para respirar, llegamos a un campo de concentración.

    Al bajar del tren nos hicieron desnudarnos y ponernos en fila y, a continuación, empezamos a correr en círculos mientras que unos médicos alemanes nos miraban, nos escogían y se reían de nosotros. Los afortunados seleccionados nos volvimos a vestir y nos llevaron a unos barracones donde pasaríamos unos meses.
 

Sara Pérez

¿Libertad? ¿Qué es libertad?



    Si buscamos en el diccionario la palabra libertad nos sale que es facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra o de no obrar, por lo que es responsable de sus actos y es un estado o condición de quien no es esclavo. Pero no es ese tipo de libertad la que vivieron estos judíos.

    En cambio, si buscamos la palabra sufrir, nos sale que es sentir físicamente un dolor, un daño, una enfermedad o un castigo y sentir un daño moral.¿No crees que la cara de estas personas es más de sufrimiento que libertad? ¡¿Libertad?! ¡Qué es eso! Ellos no saben lo que es libertad de expresión, cuando una palabra mal dicha te puede costar la vida. No pueden elegir lo que van a comer, tenían que luchar, por un poco de pan, o quitárselo a una persona para que su hijo pudiera comer y que no muriesen. No podías negarte a hacer algo, por que te mataban.

¡¿Libertad?! Eso es el concepto de libertad que ellos tenían.


Martín Díaz

Veo...





    Me gustaría poder hablar en primera persona, pero no puedo. No me atrevo. Siento que es una falta de respeto para los judíos, por que no se ni lo más mínimo el dolor, el sufrimiento, el maltrato y el hambre que han pasado. Todos tenemos una ligera idea, pero en realidad, nadie puede expresarlo, nadie que nunca haya estado dentro de un campo de concentración.

    Para mí, elegir esta foto ha sido muy difícil, puesto que para mí, todas las fotos de este blog son muy importantes y muy significativas.

    En esta foto veo como una madre intenta no derrumbarse delante de sus hijos, veo sus ganas de llorar, veo como esa madre quiere salir de ahí, huir, escaparse, volver a su casa, con su familia, con su marido, con sus hijos. Veo como esa mujer recuerda su último momento en libertad. Veo como piensa en el momento en que la separaron de su marido por ser de sexos diferentes, veo como piensa en lo que le estarán haciendo, o si simplemente ya estará muerto junto con miles de cadáveres en una fosa. También veo como le da vueltas a lo que pasará con ella y con sus hijos, sabe que están esperando a que alguien venga y los mate, sabe, que va a ser su último momento juntos, sabe que los van a mandar a otro lugar, donde posiblemente los maten, o donde los utilicen para algún experimento, pero aun así, tiene esa fuerza que solo una madre puede tener para no venirse a bajo y no derrumbarse delante de ellos, tiene que consolarlos para que no teman, tiene que fingir estar bien y hacer como que no va a pasar nada, cuando sabe que posiblemente mueran, o sean torturados, solo por el hecho de tener creencias diferentes, ser de otra religión, ser judíos.

   Esta simplemente es mi opinión: realmente no es ni una cuarta parte de lo que sintió esa mujer.


Lucía Santamarina

El bosquecillo

Fuente: http://www1.yadvashem.org/yv/es/exhibitions/this_month/may/12.asp


    Hola,
    Me llamo Danna y soy una de las miles de personas que pasamos por el bosquecillo, sitio en el que no sabia muy bien lo que iba a pasar después.Solo veía llegar a gente y mas gente, personas ancianas, niños...Pero por más que miraba,  mi madre nunca apareció, así que lo único que podía hacer era pensar, pensar en porque teníamos que montarnos en esos trenes en los que hacía tanto calor, sin agua, sin comer...
   
    Aunque pensándolo mejor es mucho mejor estar ahí que a donde nos llevaron después.Me entran escalofríos cada vez que recuerdo todo y las piernas no me paran de temblar cuando esas imágenes vuelven a mi cabeza, son cosas de las que nunca me voy a poder olvidar.
   
    Lo recordaré cada mañana cuando me vista y vea el número grabado con fuego que nos identificaba en mi brazo,cada vez que vea una bicicleta y recuerde que no podíamos montarnos en ellas por el simple hecho de ser judíos, cada vez que vaya a la compra y recuerde que solo podíamos hacerla de 3 a 5 de la tarde, cada vez que vea a alguien hacer deporte y recuerde que nosotros lo teníamos prohibido, cada vez que vea a alguien estar en su jardín a las 8 de la tarde, cosa que era imposible para nosotros, cada vez que haga algo, porque pocas era las cosas que nos estaba permitido hacer.

    Y por mucho tiempo que pase seguiré sin encontrar una razón por la cual a todos nos esperaba ese destino, por qué aquellos señores bien vestidos con armas y perros no venían con nosotros, por qué los niños alemanes de mi clase no subieron a ese tren con nosotros, por qué a nadie le importo a dónde nos llevaran y lo que hicieran con nosotros. Por muchos años que pasen, nadie encontrará una explicación para todo esto...


Andrea Díaz Díaz

Incomprensible




    ¿Qué si me acuerdo dices? ¿Cómo olvidarme? Tan solo tenía yo catorce años cuando, inocente y desesperado, me creí las mentiras de un hombre con un uniforme extraño. Lo primero que hizo fue cogerme del brazo y, muy bruscamente, entre patadas y puñetazos, me metió en un vagón oscuro, maloliente, saturado.

Preguntaba por mi madre, aguantando el llanto, hasta que un caballero alto y fornido, tuvo la decencia de acercarse a mí, se presentó y me extendió su mano, me explicó a dónde íbamos y lo lejos que me quedaba del reencuentro con mi padre, mi madre, y mis hermanos.

Entonces lo comprendí. De repente maduré: lo que me quedaba en aquel lugar horrible no era más que ser un esclavo, que solo sirve para trabajar y servir. Y además, mi muerte, sumada a las de mis compañeros y compañeras de calvario, para ser tirado, utilizado o incluso quemado.

No sabía lo que hacer, estaba solo y asustado, pero entonces me acordé de ellos, mi familia, a la que sigo amando, esa misma que siempre me ayudó. Y lo que aprendí de ellos me ha salvado: decidí luchar, seguir adelante y no perder jamás la sonrisa que conmigo ha entrado en este campo de maltratos.

Es duro, incompresible quizás. Es algo que me ha marcado, pero lo que espero algún día, es que mis memorias y diario, sean leídos por personas, los que comprendan que los derechos humanos, están por encima de todo. Cada persona es importante y única, y es lo que debe de ser valorado.


Belén Triviño

Frío



    Frio, suciedad, asco: eso es lo que solía ver en las barracas y todo el campo de concentración .Yo me encuentro en Gusen. Hace unos meses me encontraba en otro campo, ya perdí la cuenta.

    Todo empezó cuando hace meses los nazis tomaron la ciudad: alboroto, gritos, disparos, heridos... eso era lo que se oía. Yo corrí, apenas me dio tiempo de llevarme nada conmigo. Me cogieron y me llevaron al tren. Cientos de personas en el vagón, hacia frío y no probábamos bocado. Algunas de las personas que se encontraban en el vagón llegaban a morir por frío o simplemente por el número de personas que había y eso creaba mal olor. Allí pasábamos días o semanas hasta llegar al destino.

    Llegamos. Allí nos hicieron quitarnos todo, como los calcetines, gorras, abrigos, pantalones, también fotos…Gritando con la lengua alemana nos dividieron; los niños a un lado, los hombres a otro,  y las mujeres igual. Las mujeres lloraban, se negaban a dejarlos marchar. Se los llevaban en camiones. A los demás nos llevaban por separado a las barracas, allí había muchas literas de tres sin ropa de cama, solamente de madera donde las necesidades caían según la necesidad de la persona. Todas dormíamos allí. Se está acercando la noche y los SS pasaran por las barracas, intentaré dormir y mañana seguiré la misma rutina.



Alexandra Abt

Leticia Méndez Peláez

Todos los días eran iguales

Fuente: http://www1.yadvashem.org/yv/es/exhibitions/this_month/may/12.asp


    Era 27 de Mayo de 1944, pero para los judíos ya no importaba el día, todos eran iguales: el mismo sufrimiento. Nadie como sus voces para contar el infierno que vivieron, pero ya no podrán hacerlo: silenciaron sus gritos con golpes, como si esa fuera la solución. Por eso voy a hacerlo yo. Aunque creo que al ver estas fotos sobran las palabras. Niños, a los que injustamente se les ha arrebatado las esperanzas, los sueños, la vida. Madres que han visto padecer a lo que más quieren, sus hijos, y que inocentemente tratan de protegerlos en sus regazos. ¿Puede uno acostumbrarse al dolor? Creo que ellos lo hicieron. Levantarse una mañana y morir al mediodía era para ellos, como para nosotros levantarnos y desayunar, una simple rutina. Y seguro que tendrían frío y hambre, pero… ¿Crees que alguien los escuchaba? ¿Crees que a alguien le importaba? Nadie hizo nada por ayudarles, nadie vio en ellos personas.

¡Ahí están! ¡Ahí vuelven! Ya casi les echaban de menos. ¿Y ahora que harán que con ellas? ¿Con sus niños? A patadas y empujones, se las llevan del bosquecillo. Llegan al crematorio, y se desnudan ante la mirada de aquellos crueles hombres. Se empeñan en engañarlas, pero ya no hace falta: saben bien a donde van. Los niños lloran, y las madres conscientes de que no pueden impedir la muerte de sus hijos, les abrazan intentando tranquilizarles. Ha llegado la hora, ha llegado el final. Las meten en la cámara, y cierran la puerta ignorando los gritos que piden una segunda oportunidad. El gas comienza a salir, e injusta y lentamente empieza a ahogar rostros, vidas, y todo cuanto hay detrás de una persona. Al menos ya no sufrirán más.



Ángela Rodríguez Lanza

miércoles, 25 de enero de 2012

Wuerzburg, 27 de noviembre de 1941

Fuente: http://www1.yadvashem.org/yv/es/exhibitions/this_month/november/09.asp


    Wuerzburg (Alemania) 27 de noviembre de 1941.

    Mi nombre es Samuel Akinin Levy y soy un superviviente del holocausto nazi.

    Por aquellos tiempos no sabíamos lo que nos iba a suceder a gran parte de nosotros, judíos que cada vez que subíamos a un tren de esos significaba libertad pero en realidad era todo lo contrario a ese derecho que todos nos merecemos.

    Recuerdo ese noviembre como si fuera hoy,ese frio en los vagones con toda la gente apelotonada intentando darse calor unos a otros, esa nieve que no cesaba de caer y todo el mundo con una esperanza, la libertad.

    Lo único que nos mantenía vivos era la palabra libertad y que cuando ese tren se parara en la estación todos nosotros seriamos libres.

    Que ilusos éramos.

    La palabra libertad, pienso en ella y caen las lágrimas por los pómulos de mi cara.

    Esa palabra que cuesta tan poco pronunciar y a su vez... Lo que cuesta aplicarla .

   Fui reclutado por los nazis pero conseguí sobrevivir y ahora pienso en todos aquellos que han muerto en unas condiciones extremas y antihumanas y me pregunto: ¿Si llego a morir yo en esas cámaras de gas?¿y por qué los nazis realizaron esta masacre?¿Por qué a los judíos? Qué suerte tuve de poder sobrevivir ¿no?

   Todas esas preguntas, y más, me las realizo todos los días y no puedo seguir viviendo con ellas. Por eso he tomado esta decisión tan dura, y solo digo que me iré a un lugar mejor en el que estaré acompañado de mi mujer e hijos, asesinados en los campos de concentración.

   La llama de mi vida se apaga y con ella un montón de recuerdos negros, tristes y desvanecedores.

Un abrazo:

Samuel Akinin Levy.



Enol Cáceres López